Sobran palas. Tengo un jardín hecho de menta y latas Vintage. Sonríen sus
muchachas a estilos anticuados. No sé qué me trae la nostalgia, pero oigo su
timbre en la puerta. Voy a matarla, y rociar sus entrañas a forma de danza.
Visto con ropa de mis primos. No sé qué tengo en la panza, pero me duele. Soy
gordito, ¡ji ji ji! Hay tan solo una cosa que puedo hacer: me bajo los
pantalones y descontrolo ambos brazos a bailar, de pie, mientras escucho lo que
me gritas desde la pared. No vales para nada, pero tal vez puedo subir tu
precio una vez el dinero en monedas desaparezca. Yo sólo uso digital. Uso lo
que me repasa, me baño en cartas. Las contesto y me moco en tus costras. Noto
que duele, porque me moco y gritas al abrirse una vez más, ¡pero aún sin
respuesta!
Tírame otra pregunta: ¿tienes más dulces en esa marioneta? Sí sí, mira. Si
la agitas le caen miles de demonios. Ricos, tiernos, no hay mejor. Agítame a mí
también, caerán mil sorpresas. Te juro que el lenguaje de la raza humana va a
cambiar en breves momentos. Voy a hablarte directamente a la carne. Y no te lo
crees, pero te juro que pasará. Y luego todo lo que conocíamos temblará como un
flan. Es un secreto. Pero es perfecto, no hay errores. Cometo imbecilidades y
me arrepiento, es vergonzoso, y no hay secretos. No hay errores es perfecto,
tengo piel por los poros, uso piel para taparme los poros, que paren de dejar
escapar el aire de una vez. No respiro desde que me desplomé sobre tus brazos,
Calámba. Me miras y lloriqueo. No sé cuantos dientes tengo. ¿Es algo que
debería saber? Joder, cuantas cartas, macho. Cuantas oportunidades. Es
vergonzoso.
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