sábado, 4 de mayo de 2013

Ya Casi

Sobran palas. Tengo un jardín hecho de menta y latas Vintage. Sonríen sus muchachas a estilos anticuados. No sé qué me trae la nostalgia, pero oigo su timbre en la puerta. Voy a matarla, y rociar sus entrañas a forma de danza. Visto con ropa de mis primos. No sé qué tengo en la panza, pero me duele. Soy gordito, ¡ji ji ji! Hay tan solo una cosa que puedo hacer: me bajo los pantalones y descontrolo ambos brazos a bailar, de pie, mientras escucho lo que me gritas desde la pared. No vales para nada, pero tal vez puedo subir tu precio una vez el dinero en monedas desaparezca. Yo sólo uso digital. Uso lo que me repasa, me baño en cartas. Las contesto y me moco en tus costras. Noto que duele, porque me moco y gritas al abrirse una vez más, ¡pero aún sin respuesta!

Tírame otra pregunta: ¿tienes más dulces en esa marioneta? Sí sí, mira. Si la agitas le caen miles de demonios. Ricos, tiernos, no hay mejor. Agítame a mí también, caerán mil sorpresas. Te juro que el lenguaje de la raza humana va a cambiar en breves momentos. Voy a hablarte directamente a la carne. Y no te lo crees, pero te juro que pasará. Y luego todo lo que conocíamos temblará como un flan. Es un secreto. Pero es perfecto, no hay errores. Cometo imbecilidades y me arrepiento, es vergonzoso, y no hay secretos. No hay errores es perfecto, tengo piel por los poros, uso piel para taparme los poros, que paren de dejar escapar el aire de una vez. No respiro desde que me desplomé sobre tus brazos, Calámba. Me miras y lloriqueo. No sé cuantos dientes tengo. ¿Es algo que debería saber? Joder, cuantas cartas, macho. Cuantas oportunidades. Es vergonzoso.

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