martes, 7 de mayo de 2013

Basta, ¡tráeme una manta!


Más fuerte no puedo. Despertaría a mis queridas rejas antiguas, no les dejaría ni un centavo de sueño en la nuca. Les clascaría, ¡clas!, con un fuerte manotazo y se abrirían de ojos gritando "¡¡Goorgh goorgh!!". Un espectáculo volento, soy un tío de curar. Tengo expediente de médico, y te voy a dejar manchado de verdades. ¡Sígalo!

Vaya crack ese Postoria. Es mi vecino, pero también es mi amigo. Es un vecino excelente, si puedo decirlo yo: tiene la ruina en las manos, un cacao de solapas en las manos que se abren al exultar el mundo. Sigue las palabras con los ojos y yo intento hablar grave para que floten a su nivel de vista. Vaya manos...las tiene hechas un hijal. Un hojaldre de maneras viscosas, está hecho un sultán de la salsa. Me preparó su plato mejor, su mejor soñada: sabía a Sábado, a costura desatada pero con esperanzas de volver a llenarse los mofletes de volteretas carnosas. Una costura que sólo un médico como yo podría resolver, puzle castroso. ¡Vaya faena!

"No confíes en mí," me dijo. "Soy el Sultán de Banano, el Sultán Gastroso. Siempre me presento, siempre va de presentarse. Soy el tal, soy el cual. Siempre me miro y digo: hola, soy el Bastál. No tiene premio este juergón, un jurregón Baldero."

Pues yo plasmado, claro. ¡Qué más iba a decir! Tuve la suerte de conocer a un buen trono sin patas, un señor que se podría sentar en la maceta y crecer al universo cual puerquito blandengue, ¡pero semilloso, claro! Sin semilla no crece nada, te lo digo yo el médico. Médica es mi pasión.

Sígueme el baile, Juliano. Es un buen ombligo, pero mejor vecino. Me trajo la carta. Elegí a la carta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario