domingo, 12 de mayo de 2013
Pausa millonaria
Venganza. Eso pensaba cada vez que los pies me susurraban burbujas por entre el plástico fundido, maleducadas delicias me susurraban cada hora en punto. Intentaba calmar mi furia despelotando las enormes hojas de sus fundas, sueños e intenciones; por muy buenas que fueran.
No podía seguir así. Al año ya me encontraba solo, rodeado por marcos desnudos tiritando fríos, recordando (supongo) las enormes hojas que un día poseyeron con sus brazos, con sus lenguas en un duro tango.
Tenía una charco en la punta de cada uno de mis largos pelos. Al sacudir la melena
los vaciaba todos
hasta la siguiente lluvia.
Un hallazgo: ese colmado me pertenece
maté al propietario, y ahora me escondo entre malnutridos hámsteres a que vengan a buscarme.
Cuando sepa a vino agradeceré
el mural de agujas.
Besaré cada una de sus uñas
esperando a que broten los disparos como topos
de debajo del parqué
redentor
el parqué me limpia el sudor y me asesina.
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