Basta con masticar el techo para que salga el sol, enojado y dando un portazo. Me salpica. Todas mis uñas untadas de grasa color carne, me las lamo una a una y vuelvo a parecer humano. Me arreglo el pelo y sigo masticando distraído.
"¿Qué tienes ahí entre las manos?"
"Un rosario de putas. Las acaricio con el pulgar al rezar mis dudas
cuento el hojaldre pieza por pieza pero sigue faltando
faltan ansias para corroerme todas las arrugas, cavar y cavar y hacerlas más profundas."
"¿Y para qué quieres un rosario de putas? ¿Cuelgan de la cuerda tan minúsculas?"
"La cuerda las atraviesa, no se quejan - dudan. Sobre todo porque hago avanzar la plaza
y evacuo a todos los yayos
y la arrastro hasta la montaña, donde antes no había una fuente para perros
y la plaza despierta entonces como nueva catedral de insectos, no hay sitio en las sillas
hay capas y capas de hojaldre, insectos y danzas de colador con líquido entero goteando
salvo el ruido de un trabajo bien hecho, y la duda
que gritan en voces minúsculas mis putas, rodeo salvaje
un rodeo de pulgares y gritos
hay rezo, suspiro un santuario que te rompe las ventanas
un milenio vahado no lo oye nadie.
Ato a los yayos con cuerda
me limpio las manos
escapo.
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