viernes, 10 de mayo de 2013

Queja ~ "Moler la estancia"

Es urgente ir al mercado
manosear las cestas
subirse al malva y penetrar su piel de mi color
cancelar la subscripción a mi mancha de nacimiento
navegar la carne picada a su destino, en lancha motora aceitosa
perdido de muelas, resbalando por el dosel.
Soy, después de todo, tres árboles en pompa que reflejan tu espalda
esperando estallar
sobre una cara blanda,
limpios de miel en vano.
Por mis óxidos pasa verdura, venas saturadas
de verdura y sangre a partes taladas
que caen sobre el césped con furia.
Toneladas de larvas amigables
con cinco intenciones
visten de lazos, y pulseras en cada anillo
un desliz y una mano
por cada suelo que me encuentro. Dos manos y una palmera
que apuñala linda
todos los cables. Sin miedo sacas un pie del barco
sistemáticamente colgando el teléfono sobre el fango
de esta ciénaga cilíndrica
por la que corren patos, clavando los pies en el techo, las paredes
lanzando un trote espiral bajo el barro de una forma
alarmante, me distraigo jugando a dueño,
tras las pegajosas minas de suero que ríen de sus picos como bolas.
No puedo parar de pensar en agarrar, torcer y ganarlo
sorprender al pan tierno con un mito encimado
que te propulsará en persa hasta el cajero
mutilado
relleno de queso, mango a dados
encimarlo aún más a largo plazo, largas tripas
y un toldo santo
soleado, sartén postrada ante un puro arañazo,
cacheadme por si llevo armas
no lo sé ni yo, no conozco mis bolsillos ni mis zapatos.
Es freír un molde y entrar en otro rato,
más cálido, candente y salvaje,
un momento
aliciente.
Tal vez sin mesas
sin esos taladros, dar un golpe lento al manto
un charco lleno de parálisis
desarropan todo evento
de bordeados en tela ingrata,
sobresaliente
vete a casa.

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