Una ostra
agua
agua
agua
sin más
hay un cielo azul
sal brillante
pececillos
madres amando
a los pececillos
les recitan poesías
de su invención
qué ricuras
tanto las madres
como los pececillos
Te debo silencio
y no sé cuando te lo pagaré
Necesito apagar mi voz
para ti
Sí
también es necesidad.
Agua
agua
amigos
frente abierto
aparece en tu mano
un rostro desconocido
tienes miedo de lo que puedes tocar
con tus manos desconocidas
Establezco puntos de contacto
entre la piel más vanguardista de tus labios
y las hojas más finas de esas flores
que tenemos en el balcón
corren lágrimas por el aire
corren como duendecillos
como atletas romanos
se superponen las risas y las lágrimas
y el color se descubre púrpura o morado
y la pregunta es lívida o rubia
y la respuesta es hermosa y afirmativa
nadando en tus suspiros
me envías tus suspiros
y los recibo tranquilo
los detengo como un jugador de béisbol,
ese que se queda agachado esperando la bola
en ese caso tú serías el lanzador
y el bateador sería tu amante
y la pelota el amor o como se llame
y sí,
ambos sabemos que este paralelismo
no lleva a ningún sitio
pero no he podido evitar plantarlo aquí
como un árbol
duro, ocupando un lugar molesto
en medio de un campo de béisbol (por ejemplo)
Esa superficie a la que le pones el nombre de "cuerpo"
no es más que un vapor un poco raro,
qué te parece
qué piensas de esto que acabo de afirmar
¿no te ha parecido ingenioso?
Sí, estoy un poco ya de vuelta
de vuelta de los 24 años
quiero volver al principio
para empezar los 25 sabiéndome el camino.
Oye oye, me sé más trucos.
Mira esto es un conejo.
/Y\
Un conejito metido en un agujero. Ahí está, entre esta y la anterior línea.
Y alguno más me sabía. Todos me los enseñó la vida.
Es broma, perdona.
lunes, 14 de julio de 2014
domingo, 13 de julio de 2014
Unas llaves, un sofá, dos ceniceros, un mayordomo y tres vasos.
Se vistió de mí. Parecía a un blanco africano. Estábamos bailando por la calle. La calle era negra y sudosa. Veinte mil. Y no supo nunca de donde le vino el golpe. Se levantó con cansancio, una ostia ahí , en el paladar, no es para estar feliz. De hecho estaba feloz, muy feloz. Me saqué los guantes, le vencí. Hoy se deshizo tu sonrisa, me empalagaste, me destrozaste cada uno de mis miembros, tocaste tambores y timbales, rugiste en mis abismos y me enamoraste. La oscuridad y la no oscuridad, la ternura de tus abrazos, ya vencidos, ya quemados, ya disueltos con los míos, rezaste un "te quiero" sin ser creyente. Lo que queda de humanidad se deslizará como una serpiente, como siempre. La rabia, la valentía, mancharse hasta ahogarse ya no está de moda, qué pena. Algunos de nosotros vagamos por aquí sin rumbo, sin esperanza, se han agotado las derrotas, ya no habrán más. Todos somos adolescentes muertos, y es más, ni me importa. La soledad es una libertad vallada, no lo olvides. Quiero descubrir esos bajos fondos, esas miserias de debajo de las sábanas, esos ruidos tristes que se oyen cuando ya estás durmiendo.
Me parece que mis zapatos están desgastados. Desgastados de luchas, cansados de seguir caminando, de subir, bajar y volver a subir la montaña. Tengo las manos aceitosas, el vientre frío, el ombligo hundido, de ahí saldrá una sonrisita, pequeña, desmenuzada por mis manos secas, y puedo pensar, si me dejas, que una figura bellísima hecha de viento se formará, saliendo de mi vientre, como un hijo, lo llamaré Carlos o Bibiana, y lo bautizaré con mis besos, y seguro que será un buen o una buena estudiante.
Me detuve a pensar en lo que era ser besado, y no me vino nada a la cabeza. Salí a buscar algo de comida, y estuve dos horas caminando. Con cinco euros en el bolsillo tampoco tenía muchas opciones, pero, aun así, dos horas me siguen pareciendo muchas para encontrar un bocadillo. En realidad no tenía hambre. No sé si eso será sintomático de alguna lesión importante. Cogí un caballo de la policía, fui muy hábil, lo robé con una agilidad prodigiosa. Y me eché a cabalgar con alegría, menudo revuelo, parecía que había matado a Bin Laden. Y después de esta mentira tan tonta me comportaré como un buen ciudadano, me acabaré el café y me pondré a trabajar, tanta tristeza suelta me puede perjudicar, igual me bajan del barco. Bajarse del barco, es muy dificil si estás en alta mar. En el mar pacífico puede haber violencia extrema. No te confundas.
Me parece que mis zapatos están desgastados. Desgastados de luchas, cansados de seguir caminando, de subir, bajar y volver a subir la montaña. Tengo las manos aceitosas, el vientre frío, el ombligo hundido, de ahí saldrá una sonrisita, pequeña, desmenuzada por mis manos secas, y puedo pensar, si me dejas, que una figura bellísima hecha de viento se formará, saliendo de mi vientre, como un hijo, lo llamaré Carlos o Bibiana, y lo bautizaré con mis besos, y seguro que será un buen o una buena estudiante.
Me detuve a pensar en lo que era ser besado, y no me vino nada a la cabeza. Salí a buscar algo de comida, y estuve dos horas caminando. Con cinco euros en el bolsillo tampoco tenía muchas opciones, pero, aun así, dos horas me siguen pareciendo muchas para encontrar un bocadillo. En realidad no tenía hambre. No sé si eso será sintomático de alguna lesión importante. Cogí un caballo de la policía, fui muy hábil, lo robé con una agilidad prodigiosa. Y me eché a cabalgar con alegría, menudo revuelo, parecía que había matado a Bin Laden. Y después de esta mentira tan tonta me comportaré como un buen ciudadano, me acabaré el café y me pondré a trabajar, tanta tristeza suelta me puede perjudicar, igual me bajan del barco. Bajarse del barco, es muy dificil si estás en alta mar. En el mar pacífico puede haber violencia extrema. No te confundas.
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