domingo, 17 de noviembre de 2013

Ojito, Luni, no te olvides.

Ahí va Luni la vieja chundi. Ey Luni, ¿cómo te va el estilo?¿comes sin cuchillo? Tengo un itinerario para que lo sigas con las tetitas atadas: Primero ve a ver a Pecho Lobo y pregúntale si tiene de esas semillas tan ricas y dile que te dé catorce, el número es exacto, no te equivoques. Luego ve al bosque de tornillos y sángrate la cara, es para que veas con más risa las luces del chucho. El señor chucho te dirá que hoy, viernes, es su día libre y necesita cuidados de chula. Te quedarás un día con él, limpiándole los colmillos y aseándole las pezuñas, no gruñas. Al día siguiente bien temprano te despedirás del señor chucho y te irás lejos, al sur, a la playa de los Konkenits. Esa será tu recompensa por el trabajo bien hecho. Ahí eres libre tortolito, bebe cócteles, toma el sol, lígate a algún Konkenit, ¡vive la nit! Quédate 8 días, y luego vuelves y me das las semillas del Pecho Lobo, no te olvides de las semillas, eso es lo más importante, las semillas, si te olvidas de las semillas no veas la que vas a organizar en mi estómago. Si no me las traes mi estómago se abrirá y se convetirá en una terraza de artillería pesada que lanzará bombas contra tus tetas, y morirás, te lo digo yo que morirás.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Sesos de pavo

Sin una sala vacía, ni antorchas, ni quejas de los vecinos. Aunque, claro: los vecinos llevaban dos años muertos. La sala vacía, en esos tiempos esa dragona no podía ser nada sin sus trucos. Y lo hizo sin cobertura, sin cobijo y con mucha marcha. Me dejó helado.
En medio de un surco hecho a mano rasa, de dejar hilos de tierra por casa, se subió esa maldita pollera al costado inferior de la terraza y gritó: ‘¡Calamba!’
No imitaba a un chino, era parte del ensayo. Y subía, cansaba a los vestuarios... ¡era una puta Dragon Face! Madre mía...

Todo esto, recordemos, lo hizo sin sala ni tiza. Cogió un puñado de pantalones y los arrojó al soldado. ‘¡Au!’ gritó, y se saldó la espera con un meñique (¡Click!). Unos tiempos sin igual, mejor dicho (esto es porque he borrado lo que decía antes, que era peor).

PESAAAO, HOMBREEE

“¡Ricardo! ¡No tenías ningún derecho a comerte la camisela! ¡El pelegrí!”
Ese es el primer recuerdo: un duro grito à la Ricardo. No trinché ni una hora, me alejé de improvisto.
“No tenías ni los dedos limpios, mambullón…” Se iba acercando con cautela, canuta violencia. ¡Madre mía! ¡Ay ay ay! “Eres un mambullón.”
Eso ya lo sabía. “Paltena no me digas esto. Paltena, ¡sigo con tu corazón dorado, campeona! Perdóname y me pediré un gelitto fresco, para ti y… ¡y para mí también! ¡Para mí, un g’latitto!”
Ni me escuchaba…tenía los llantios en Glassa. Era la presa de un devenir con tropas. Se quitaban los zapatos (bueno, las botas, ¿no?) y almorzaban peseta: plena de carrota, Cantúria fresca y filbaos, filetes de San Sanela. Una almorggia, ya te dije. Los caballeros eran tropa fila, finísima gloria en hombretún.
“No me menees, calabacín. Tengo tropas para ti. Sí, ¡para ti, cojonero! ¡Ja ja ja ja!”

Así durante horas…¿me entiendes? Horas de pescadería. Un drama. Vaya calamar me tocó esa semana, ¡la puta Enselma! Pero sin ladridos, sin correduras…no quedó ni plata en el cajón. La tiza apestaba, ‘entaforada’ en un hueco (quién sabe qué hueco… ¿quién lo sabe?)
Y así quedó la cosa. Con girnelda, y cajoncito, y subasta de Prenna. Un peldaño más y cae en la más dura Sonia, el cretino me jodió la carrera. Me pispó Suntana, el bailarín mudo más guapo. ¡Pobre Suntana! Tenía la piel jodida y el cerebro sin sudadera (¡ja ja ja! ¡Anda! ¡Vaya vaya!)
Pero en serio, capullo...tenías ganas de quitarme la celda y celebrarlo tú solo, solito en casa como el candado. Hmm, no, el candado no: el calabrero. Pero te quejaste, y te quejaste, y soltaste una prenda como el pastelito mix de Los Obreros. Me dejaste en “pernera”, como quien dice. Palabra de Dios, eso sí. Una buena palabra con Mud Stadza.  Mud Stazza, el mostacho en la capa.

Medio día me pasé yo con el sobaco bajo la Gil Narl Dá. La guirnalda y el pequeño, el pabullón. Pabullo, pabullo, le decían te todo, todo y más que todo. Todo era el ensueño de Dios el ensueño de la letrera con leche. JODER.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Bildunk

Bildunk, yo vorshello tu rostro en mil pezas.
Mel Tuko, mis niños son amigo de mi fijo.
Carromato de pezones, tengo noches con caballos silvestres.
Maldigo tu leña, es para encender lo cocido.
Bortro el Pín, lámeme la oreja que la tengo fría.
Lobo de mar, tengo una girasola para tus labios.
Rahola de sonidos, carnesita en la punta del pincho.
Fuego amigo sho no she.
Chipre, hoy no estás conmigo, el glaciar es un ronquido perdido.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Hablan Paseno y Ben-Denno

Bálsamo esponjoso por toda la carretera
"Salí ahumado, Paseno", me dijo el Ben-Denno.
Le di dos másticos, dos moneditas de plata rica. Él sin duda las muerde al llegar, su casa es un camión de peldaños. Lo relleno de moneíca cada vez. Cada vez falla. Y su rueda a rueda es mi "soldado a soldado". El pacto quedó mascado (¡jaj!)

Eran dos damiselas y una camisa de cuervo. Quise adentrarme en el hogar Fondue, y clavar la pistraña en los placotes de mimbre. Es madera! Sueño con lavarte los sobacos algún día, Fan-Zenna.
Supe al inmediato en cuanto lo vi. En otra parte lo hube visto, subí al piso y saboreé la candela y el manantial...¡esos jodidos manantiales de crema! Están muy bien, ¿no? ("Hombre...")

Paseno quitó la gabardina y la lamió. La quitó de...¿de dónde?, preguntó Sal-Senna. Fan-Brenna. Gol-Bessa.
Paseno respondió, 'respuso': "Djalagárta! ¡Djabafnárta! ¡Jódete Pasena, me llevo a tu colega! ¡Me lo llevo al Griselda-Fenna! ¡Ja ja ja ja ja!

Joder, Paseno...quedaste hundido. "Pues sí...", contestó, 'contusso'.

Costanova el frito

No es normal susurrar a paso frío por la calle
dejando que te toquen la cara mil forasteros curiosos
"¡buena cara!", exclaman. Serán cerdos, ¡a mí sí que me exclama la cara!
Llaves maestro. No quedó truncado de milagro, pues sus piernas supieron reaccionar.
Jodí la movida con dos bolis y una bondadosa amiga (que me ayudó). Supe salvar la pierna
y levantar el barrio de la nada. Fui escalando magnífica, me sentí: divina. Eso sí, supe clavarla hondo, lo más Ponno.
"Shuleta de pisquera", dice. ¡Y a mí qué!, quedé jodida con ese grito, me senté. Vaya tardecita.