viernes, 15 de noviembre de 2013

Sesos de pavo

Sin una sala vacía, ni antorchas, ni quejas de los vecinos. Aunque, claro: los vecinos llevaban dos años muertos. La sala vacía, en esos tiempos esa dragona no podía ser nada sin sus trucos. Y lo hizo sin cobertura, sin cobijo y con mucha marcha. Me dejó helado.
En medio de un surco hecho a mano rasa, de dejar hilos de tierra por casa, se subió esa maldita pollera al costado inferior de la terraza y gritó: ‘¡Calamba!’
No imitaba a un chino, era parte del ensayo. Y subía, cansaba a los vestuarios... ¡era una puta Dragon Face! Madre mía...

Todo esto, recordemos, lo hizo sin sala ni tiza. Cogió un puñado de pantalones y los arrojó al soldado. ‘¡Au!’ gritó, y se saldó la espera con un meñique (¡Click!). Unos tiempos sin igual, mejor dicho (esto es porque he borrado lo que decía antes, que era peor).

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