viernes, 15 de noviembre de 2013

PESAAAO, HOMBREEE

“¡Ricardo! ¡No tenías ningún derecho a comerte la camisela! ¡El pelegrí!”
Ese es el primer recuerdo: un duro grito à la Ricardo. No trinché ni una hora, me alejé de improvisto.
“No tenías ni los dedos limpios, mambullón…” Se iba acercando con cautela, canuta violencia. ¡Madre mía! ¡Ay ay ay! “Eres un mambullón.”
Eso ya lo sabía. “Paltena no me digas esto. Paltena, ¡sigo con tu corazón dorado, campeona! Perdóname y me pediré un gelitto fresco, para ti y… ¡y para mí también! ¡Para mí, un g’latitto!”
Ni me escuchaba…tenía los llantios en Glassa. Era la presa de un devenir con tropas. Se quitaban los zapatos (bueno, las botas, ¿no?) y almorzaban peseta: plena de carrota, Cantúria fresca y filbaos, filetes de San Sanela. Una almorggia, ya te dije. Los caballeros eran tropa fila, finísima gloria en hombretún.
“No me menees, calabacín. Tengo tropas para ti. Sí, ¡para ti, cojonero! ¡Ja ja ja ja!”

Así durante horas…¿me entiendes? Horas de pescadería. Un drama. Vaya calamar me tocó esa semana, ¡la puta Enselma! Pero sin ladridos, sin correduras…no quedó ni plata en el cajón. La tiza apestaba, ‘entaforada’ en un hueco (quién sabe qué hueco… ¿quién lo sabe?)
Y así quedó la cosa. Con girnelda, y cajoncito, y subasta de Prenna. Un peldaño más y cae en la más dura Sonia, el cretino me jodió la carrera. Me pispó Suntana, el bailarín mudo más guapo. ¡Pobre Suntana! Tenía la piel jodida y el cerebro sin sudadera (¡ja ja ja! ¡Anda! ¡Vaya vaya!)
Pero en serio, capullo...tenías ganas de quitarme la celda y celebrarlo tú solo, solito en casa como el candado. Hmm, no, el candado no: el calabrero. Pero te quejaste, y te quejaste, y soltaste una prenda como el pastelito mix de Los Obreros. Me dejaste en “pernera”, como quien dice. Palabra de Dios, eso sí. Una buena palabra con Mud Stadza.  Mud Stazza, el mostacho en la capa.

Medio día me pasé yo con el sobaco bajo la Gil Narl Dá. La guirnalda y el pequeño, el pabullón. Pabullo, pabullo, le decían te todo, todo y más que todo. Todo era el ensueño de Dios el ensueño de la letrera con leche. JODER.

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