Hoy es un sueño desierto. Una luz quiebra el sendero de la risa. Me parece que tengo un nombre, una casa y un jardinero que me da de beber. Una vida acabó en la gota de mi bota. Una noche rezó su destino en un suspiro. Cáeme. Piérdete. Un bosque, y sus hojas enanas ríen. Hay un río de risas que se pasea por cualquier parte. En medio, a la izquierda, detrás y arriba. Pero ya no es allí. Es más allá. Una luz rompe el camino de Larisa.
Un nombre de mujer rodea mi cara. Tengo amigos que nunca me conocieron.
Otra vez llueve y no hay nadie. En mis uñas hay imperfecciones que me recuerdan a ti.
Fallé. Las baldosas tienen puntitos negros y amarillos. Me sumerjo en las baldosas. Y los puntos se convierten en líneas.
Háblame de él. No veo nada... ¿qué es ese ruido? Parece un cerdo sin nariz. ¿el ruido? No, el ruido no. Él.
Un cerdo sin nariz no es nada. No tiene valor.
Un cerdo siempre será un cerdo.
Cerdos ambulantes. Cofradía de cerdos. Una multitud de cerdos dan un discurso en la plaza mayor. Gritan todos a la vez, salvajemente, sus consignas políticas.
No me hables de política. Aquí no hay sitio paraíso.
Creo que pierdo el tiempo diciéndote que pierdo el tiempo. Ya no te lo diré más. Una cara se arrastra por la calle, no la has visto, menos mal, es una imagen desagradable, pero mírala, es una cara que se arrastra por el asfalto. Solo es una cara, pero no la veo, porque solo es una cara y está de "espaldas". Una cara es invisible de espaldas. Esa cara no viene de cara. Esa cara tiene mucha cara. Esa cara es muy cara. No pienses mal. Únicamente "cara".
Y vuelvo al bosque. Al bosque con hojas enanas que ríen. Sus risas se parecen más a un murmullo que a una risa. Se parecen mucho al ruido que hacen las alas de abeja.
Te veré mañana. En el bar que hace esquina con tu calle. Llevaré unas ruffles. Y una gorra roja. Y un patinete, y un rugido de fiera. Ja, ja, ¡JA!
La sopa está realmente deliciosa. Los fideos están riquíiiiisimos.
Hoy te contagiaré mi infelicidad, secretito paella.
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