¿Champú menguado? ¿Sólo vendéis esa mierda de la que hablan a grito seco en los bares, a las tres de la madrugada o así? Siempre están con lo de "¡¡champú menguado!!", casi sangrando por la boca y la cara lila a estallar. No, a mí no me des estas lonchitas: yo compro Bandito, mi marca de siempre. Ya lo sabes.
Ay...¿te importa que me siente? ¿No, verdad? Anda mira...¿aquí por qué no haces crecer un poco de césped? ¿Un poco de melsha libre? Quedaría un poco matutano, pero fresco. ¿Capish? Crecer la planta dins la tienda. Sácame un bol, hombre, me voy a servir un xuflé barato y lo voy a sorber de un golpe, así: ¡shlurps! Ja, sí sí...recuerdo.
Se sentó en mandiguera, lo dejó todo perdido. ¡Salud!
Recuerdo mis días en la armada. Jugando a polo, saqué un diez del ano de un canguro, un diez desternillante y cubierto de saliva anal. Los profes se partieron de risa, la partida empezó, ¡ciao! Seguro que dieron más por él de lo que merecía. Un pulpo así se cura con ensalada broken, chaleco de sarna. De los que te son desagradables hasta la muerte, ¿me pillas? Algunos no me pillan, soy una mujer complicada, ¿no?
Fumó un poco de la cinta, la cinta que le cubría el pelo al amanecer. Se la fumó entera, ojos como rábanos. Vaya papagaya, sabe lo que se hace...
¡Mmmmm qué dulce! Gracias amor, esto te lo mereces. ¿Me puedo mecer en la sillita esa de regalo? Que nooo, que ya lo sé que está libre de polvo, silla virgen, sólo decoración. ¡Esa historia ya me la conozco, palabra de Dios! Tómate una píldora de mil formas, nota cómo te cambia en la lengua, nota cómo el muy puto se sabe tus intestinos. De memoria, se los sabe desde que la crearon en laboratorio. Dulce. Caramba. ¿Dónde está madre? Madre tiene que buscarme.
Váyase. Por favor, se lo suplico. En mi mente grito tan fuerte que la frente se moldea en burbuja de vidrio, al rojo vivo y naranja, mi frente se va alargando hasta tocar la tuya. Tan caliente al vivo, se funden se mezclan mis lentes de contacto. En un solo ojo, dos lentes paralelas visten de moda, chalet dorado en la costa de mi frente larga como una playa de postal, larga y nunca se acaba ese paseo hacia la rocas. Puedo cazar pulpos, cambios de color y fundas de verrugas.
Quité, funda por funda, toda esa suciedad y expuse la cara del pulpo. Escondida en su estómago de vaca, la cara del pulpo bautiza a Sonia. Rompe sus mofletes, y con ellos su nombre Sonia, de un latigazo, miles de tentáculos. Un nuevo bautizo, y un ramo de flores. Enhorabuena. Fins la flaviola.
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