viernes, 10 de mayo de 2013

Panchada

¡Qué dulce fue ese día 3 de Junio! Floreció mi pelo en un enorme bouquet.



Me tomé un descanso, suspiré y me puse a charlar con el paisaje:


"Bon Djorno."

Tiene alientos como una bolsa de belenes en desuso. Centrado en el marco, mi foco de atención me habla arrosado, sensual y siempre cambiante. Escupe un delirio así:

"Cacahuetes Gabriel. ¡Qué bien suenas esta mañana!" Vaya recepción más caliente me dio la panchajada, qué vistas celebres. Célebres Pútas.

"Mira Pascuala, escúchame: ¿tú no sientes a veces como que podrías comerte el mundo con un actualizado programa de mejoras en la oficina? A veces siento como que todo me pertenece, si sólo pudiera darle a mis empleados el sistema de intercambio que ellos necesitan. Estoy suspirando."

"Buff....sólo tengo lo que un paisaje puede darte: amor, y una cálida bienvenida a Paraje del Sur. Más bebidas, y más selección de butacas para tu piso. Me siento dabuten, dabutacas."

Bueno, yo también estaba gozando a mi manera, no limpiemos estas migas ahora: mi butaca ya era un asunto extranjero, un carrillón milcolores. Más alegría y despierto a una muerte segura. Dos por dos y un palabreo, un sillón sinuoso.


El Tragaperras Solidaria, así me llamaban los compañeros tras sondar el vestuario deshinchado por el suelo como restos de piel en almíbar, penoso. Yo les llamaba El Tremendo, a todos ellos.

"Pero bueno Manchito, ¿no te he pedido acaso un cambio de aires, un salón lechero?"

"¿Y no te he dado acceso a la Surada, el Paraje Sur-Balsa? No me escuchas, naranjero..."

Y pam, allí estábamos. Un aire de gula esbirrió mis túbulas.



Fue un paseo silíceo y depravado. Caían losas encima de un suelo invisible situado dos metros por encima del suelo sólido que todos
conocemos.
Había plancha. Había plancada de madera, eso sí. Lo acerté. Acerté en el duro.



"Viviendo en Marte dejaste las bolsas de lado. Ni se te ocurra abrir la ventana si llegas a la casita sobre el mar. Viaja por el planco, pero aguzando las mangas, olvídate del puño. Abre la sarta de sueños, allí vive el Shangladí, Viviano Barruca. No me creas, ¿no? Escucha al bueno de Valvi."

Quedaba otra, pero escogí ir. Avancé. Llegué a la cabaña, pero mi punto de vista, tépido endeble, no me acompañó. Se quedó abrazando el tejado. Cara a cara con ese individuo, mi concentración yacía bestial sobre el lodo de caña.



Vanvina Escurré: Yo soy el Vanva Justa, deja que te coja de la mano. Deja que te cuenta la historieta.



Vanvaina: Escucha al padre Glosca. Tengo noticias para ti,
tengo sobrecitos
instantáneos
carruajes, llenos llenos de gloria encuñada
vestuarios sirios, exquisito vino para englosar la obra
que restaura este edificio
y me caigo, al mar y mentalizado
chillo ravioli selecto, lo chillo sandoichi
sígueme sin pánico
barruca
tengo la pierna que te falta
salta al estilo de 
"pinzas falsas"
y ventriloquea la suerte a modo de vida
symposium
de crema
symposium delgado, apocalípticamente delgado así eres tu Viejo Borja.
Tiene mandíbula de suero dentro de una caja de huevos transparente
baldufa peluquera
Vivian,
ese soy yo
vivo en un barquito sin ruedas, una mala digestión de cuatro paredes y columnas reales
bellísimas.
Vivir aquí es farragoso, pasar por la puerta me produce un trago lento y penitente,
que ralentiza el tiempo 
y mi llegada a casa se hace exponencialmente más tarde
aún estando el talón rozando el umbral 
el umbral mocándose en tus planes.
Nunca consigo respirar 
frente a lo que es mío, y acabo durmiendo 
fuera
muy mal vestido.

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