lunes, 25 de marzo de 2013
Truenos
Basta.
Éste no es el zumo para mí.
Quiere darme más lecciones de las que estoy preparado para absorber,
pero es tan delicioso
y acompañado por decenas de toneles
rellenos
hasta el borde,
y sin siquiera
sin palabras
sin mención alguna al pueblo Argentino,
me quedo doblado sobre el arco esperando
magia o sondas de hospital.
Ya no puedo mear ni que me robes el correteo
de las noches,
ni que corra por el parque
no lo logro.
Tienes que mirarme al ojo y decirme:
"sintiéndolo, pero poco",
taparme las cláusulas secretas
y cubrirme a golpes de sandalia entumecida
y recubierta de mocos, palabra de cowboy
cansado e insolente,
que siembra placer por los asientos ricos
y éstos siembran al son sus propias misiones:
restaurar el encierro de velas
en sitios seguros
donde no puedan ser extraídas ninguna de sus verticales
camillas sin ruedas pero de cera.
Da igual, basta. Zumos hay cada día
cada hora hay un zumo en la mesa
cada hora me mira, me confiesa
dulces dramas cantados
con efectos de pobre cableador,
pues el jugo sigue sin tus insultos
pero no calientas las piernas si no metes lodo
en el charco. No es de nacimiento:
cada estanque requiere de su ayuda.
Métele fango en la trompa
métele sacos de arroz baldosa
que cubren el suelo de casas pequeñas
indistintamente
separadas de las otras.
Viértete en mi falda,
zumo
castrado
sin nervios ni mangas
su camisa es una risa alterada,
donde casi cada muestra
sabe casi a naranjas.
Bastarda,
no te creas las listas
bordadas en tu falda.
Hay nombres grandes, sí: pero
ningún ángel desparramado en las manchas
asquerosas manchas criadas en granja
cristalinas
paso doble de marcha
pero me quedo, me quedo en casa
mejor
mejor me quedo en casa.
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