Sin paseos se te deshinchan las orejas,
y los sonidos vuelven a casa para charlar
del duro día y de sus sueldos
mientras tu sufres en el suelo, como un pollo tenso
esperando a que la suerte te descongele con un
toquecito mágico.
Sudan caldo los listones, y te quejas detrás del muro.
Te oyen perfectamente, como ratas, como intrusos.
Sin dejarte atrás te veo como un bulbo
respirando, venenoso
lleno de lágrimas pegajosas
y fundas
de segunda mano que solían cubrirme el pelo
mientras escalaba
sin energías
los altos condes.
Ten piedad, te suplico.
Un castor vagabundo me gritó un día esta canción:
"caya de l'aya, ban báya sil fáya"
Es un trueno cuando salta
cae al suelo y
con mil cables finos
me ensarta.
Sube al techo, peliagudo
cógete a los boles ya vacíos.
Sin duchas para rellenarlos
se quedan solos y
me reciben mal,
con pocas palabras y silbidos sarcásticos
.....los cabrones.
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