Buff....qué silencio. Ya sé que tengo pequeña la habitación, pero aún así
¡qué silencioso es todo esto! ¡Creo que se está transformando en una plaza!
Hay gente comprando verduras, y nietos, y zapatos usados en la boca de un
viejo marrano
y la plaza se expande hasta el horizonte y luego hasta la izquierda. Luego
hasta el horizonte de nuevo y
salen viejas riachuelas, hombres con tenderete, criaturas y fruta, ¡mucha,
mucha fruta!
¿Y sabes qué? Creo que está bien así. Al fin y al cabo, sigue siendo mi
habitación,
y cuando desaparezca el silencioso viudo volverá la falta de plaza y la
falta de guarradas azucaradas
para desayunar.
Para desayunar te tengo a ti colgada del techo, gimiendo.
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