martes, 19 de marzo de 2013

La parte más blanca

 ¿Vas a salir? Cómprame unas flores. Quiero flores. Geranios, unos geranios que me alegren la vista.
/ En el tallo de un geranio puedo ver el cuerpo de una mujer, sí, una mujer de dimensiones reducidísimas. Generalmente,  están bañadas por una luz misteriosa como si fueran diosas a punto de nacer. Por supuesto no tengo ni idea del aspecto que tiene una diosa justo antes de nacer, de hecho, no creo que existan esta clase de seres, pero si tuviesen que tener algún aspecto sin duda sería este.
Una mujer bañada en luz misteriosa/

¡Pum!
No cierres la puerta de esa forma. No la cierres así, joder. Haces mucho ruido, mucho ruido. ¿Pero a quién demonios estoy hablando? Se ha ido. No puedo quejarme. Ella no está, se fue. Cerró bruscamente la puerta y se fue. No puede oírme. Y ahora estoy solo en el sofá. Este sofá lo encontramos en la calle. Estaba sucio. Bueno, sigue sucio. Pero en cualquier caso no puedo quejarme al vacío. ¡No pegues estos portazos, por favor! ¡Vamos! Ella se ha ido hace ya cinco minutos, no grites, no quiero más ruido.

Cloc cloc. Fiuuuh. Burub burub rub.

Aún puedo disfrutar. Es un té delicioso. Un té verde que compré por Internet. Té japonés. Paz. Paz. Paz. Paz. Paz. Y lo que digo cinco veces es verdad.

No quiero almas solitarias. Tan solo un río.

Estoy solo. Eso no cambia. Hay muchas cosas que cambian. Pero eso nunca. Este salón es muy grande. Pienso que es horrible estar solo en un salón tan grande.
Poco a poco me acerco. Me acerco cada vez más a mi mismo. Pero eso no es posible. Eso nunca es posible. Es horrible y en ocasiones fabuloso.
/ De fábula. No es nada. Quería pronunciar estas palabras. “De fábula”. Cuando digo de fábula me da la impresión de que lanzo con mis labios a un pequeño hombrecillo (de dimensiones reducidísimas) al aire y este hace varios tirabuzones, después se agarra a uno de esos chismes de equilibrista que nunca he sabido como se llaman y me guiña un ojo. Colores: rojo, verde y amarillo. /
Es fabuloso y en ocasiones posible. Pero qué he dicho. Otra vez. ¡Por que no me callaré nunca! No paro de contradecirme, fabuloso, horrible.

He callado y he callado más aún.
Pero dónde están los diccionarios de abeja. Donde está el surtido Cuétara de mieles que tanto tiempo he estado esperando. La luz misteriosa que desprenden un par de geranios. O uno solo.

Parece que el día se acorta y se alarga a su antojo. Se acerca, se aleja. Se viste y se desviste de sol y de luna. Hoy, el día, que también es la noche, juega conmigo al monopoly. He robado sus bancos y saqueado sus propiedades. He hecho trampa hasta en los minutos de sus necesidades más primarias. Pero hoy, como siempre, el día me gana la partida otra vez. Y creo que no podré dormir en toda la noche.

Pero aún no es de noche. Entra la luz del atardecer por la ventana. Yo sigo aposentado en mi sofá callejero. Mis zapatillas son de cuadros rojos y negros. Son viejas. Huelen un poco mal si te acercas mucho. No digo que vaya oliendo la casa a zapatilla usada, no. Es un olor débil.

Aún sigo esperando esas flores. Ya no estoy solo. Un hombre muy bien vestido ha aparecido en mi salón. Apareció de la nada y ahí sigue. No dice absolutamente nada. Se limita a estar de pie y a respirar suavemente. Tiene el pelo negro peinado hacia atrás y los ojos oscuros. Tiene peinadas hasta las cejas. / Le he preguntado donde están las joyas pero no suelta prenda. Menudo tipejo. Me esta empezando a mosquear./

¡Quiero romero y salvia! Te prepararé un plato al que ni siquiera tú podrás resistirte.

El hombre sigue ahí. Llevo sin dormir dos días. Y el hombre sigue de pie, bien vestido y sin decir nada. No parece muy cansado. Tal vez  una débil sombra bajo los ojos. O puede que se haya encorvado ligeramente. Aunque sinceramente diría que es posible que la vista me falle, que me traicione sin pedirme permiso.
/”Me puedes traicionar… pero pídeme permiso antes”. Es el colmo del capricho. Es romper en pedazos el famoso refrán: “Quién avisa no es traidor”.

Has vuelto. No me has traído flores. Pero te has traído a ti que es mucho más importante.





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