lunes, 25 de marzo de 2013

Rally Shoes, Do Your Best ~Sueño de Marfil~


Capítulo 1          

Sin darles demasiada importancia, volteamos las velas a un paso despreocupado. Anduvimos de este modo hasta agotar toda conversación, momento en el cual Greintal suspiró, me dio por muerto, y se marchó.
                Esto me afectó menos de lo que me esperaba, seguramente porque ya llevaba horas imaginándome ese suspiro cada vez que la miraba. Es posible también que, tras notar mis nervios ante la idea de que se fuese, Greintal se hartara de conversar con alguien que obviamente no confiaba en ella.
                Alcé la mirada. Las enormes llamas formaban un círculo que parecía estar flotando en medio del cielo. Ya era de noche y el cuerpo amarillento de las velas había desaparecido de mi miope campo de vista. Aún oía las gotas de cera derritiéndose, del tamaño de mi cabeza. Me intentaba mantener dentro del círculo de velas para no ser desnucado por ellas. Justo al llegar aquí, cuando aún era de día, me habían fascinado esas esferas de cera endurecida. Las partía con las manos, las estrujaba esperando encontrar agua… Tres días por el desierto y lo más parecido a un oasis que encontramos fue esto. Es curioso como bajo circunstancias extremas incluso un misterio como este no nos parece nada comparado con las delicias del agua.
                —Puaj —escupo Greintal—. No intentes lamerlas, creo que dan más sed que nada…
                Yo me reí.
                —Pues claro, ¿qué te esperabas? —dije— Aunque tal vez por la noche se acumulen gotitas de rocío…
                —¡¿Rocío?! ¿En el desierto? —me interrumpió Greintal, en una alternancia de carcajadas y “puajs”— A ver, lo que está claro es que no puede erguirse un círculo de velas en medio de la arena sin agua. ¿No te acuerdas? Ayer al llegar, esa vela de allí— la señaló, una de las más bajitas— se estaba apagando, era tan solo un charquito. Sin embargo, hoy…
                —Hmm.
                Esto me preocupó un poco. Tenía razón, las velas muertas volvían a crecer desde cero. Y ahora, de noche, ahora que me había dejado solo tragué una saliva imaginaria que me dolió como si estuviese tragando mi propia garganta reseca.
                —Rally Shoes, ¡ho ho ho! Tienes sed, tienes sed…¡lo noto en tu cara! ¡Ohh ho ho ho!
                Parálisis.
                —¡No tengas miedo, muchacho! ¡Ho ho ho! Somos tus amigos, te lo aseguro.
               
                —Y ya que estamos…¡qué nombre tan bonito! Rally Shoes…¡eres un hombre afortunado, con un nombre así! ¡Ohhhh ho ho!
                —Y que lo digas, hermano— intervino otra de las velas—. Nuestros nombres son una porquería. Todos tenemos el mismo. Columbia, Columbia, Columbia…¡si tuviera brazos los alzaría al cielo! ¡Bendita porquería!
                —Gah.
                —¡Oh! Por fin habla. Columbia, ¿no tendremos un vasito de agua? Debe de tener la garganta triturada por los malos tragos, ho ho.
                Con esas palabras me caí de culo, porque todo estaba temblando violentamente. De fondo oía las voces de todas las Columbia Candles cantando una sola nota muy grave, respirando hondo, y volviendo a cantar: “Woooooooooooooh….”. El círculo de tierra estaba ganando altura respecto el resto de desierto, y me tenía que proteger los ojos de las nubes de arena. Cuando los volví a abrir me tuve que proteger los ojos de las nubes de verdad, las del cielo, que caían furiosamente. Nuestra velocidad convertía las mismas nubes en gotas de tormenta.
                —Bebe cuanto quieras, amigo— me guiñó una de las Columbia.— Pero no levantes la tapa, ¿eh?
                Todas corearon ese “¿eh?” amistoso y me sonrieron. Estábamos volando sobre un enorme recipiente de plástico cerrado a presión por una dura costra de cera.
















Capítulo 2

                Cuántos patitos…¡y cuánta magia! El lago de noche ganaba por mil, y Greintal ganaba pernil. No era tan raro ver patos en el lago, en algún momento u otro aparecían buscando donantes de pan, pero cada vez que Greintal los veía chillaba de alegría como si fueran un regalo de Dios. Apenas unos minutos antes había estado charlando con una mujer mayor que también estaba allí por los patitos, y la pasión de la joven despertó tiernos recuerdos en la señora. “¡Tú sí eres una amante de los patos, sí señor!” había exclamado, rompiendo a llorar y galopando hacia casa. A Greintal le hubiese gustado que se quedara, con o sin lágrimas, y le pareció de mala educación abandonarla así sólo para preservar su intimidad lagrimera. ¡Y qué, si llora!, pensaba. En un rato se le hubiese pasado y podrían haber seguido charlando. Le apetecía conversar con alguien más maduro que Rally Shoes…¡puaj! El amargo sabor de la cera aún quemaba sobre su lengua con mil recuerdos.















 
En este punto de la historia el autor querría dejar claro que las velas y la cera no son eufemismos del pene y sus fluidos. Acabo de notar ahora que tal vez podría dar esa sensación y no me gustaría que se leyera de esta forma el relato. Esto es pura fantasía, ¡soñemos juntos!

Un patito se acercó a la orilla y sacudió sus plumas tras un cuac cuac meloso. La joven promesa del pop no pudo contenerse y chilló de amorío. Sus plumas relucían en la oscuridad. Debían de estar cubiertas de aceite, o algo así. Recordaba haberlo estudiado en biología. Alargó los dedos y acarició sin temor.
                —¡No!
                Qué terror. El aceite…el aceite le recordaba a la cera, esas velas, y esa expedición sin propósito a las entrañas del amor…
                —No me vencerás— se dijo a sí misma—. Ya lo verás, Rally Shoes— ¡puaj! Ese nombre sólo lo podía pronunciar con desprecio—. Ya verás…


Capítulo 3

Es de buena educación dejarlo todo de lado cuando te piden asistir a un evento; pero no es de tan mala educación romper a llorar por cualquier cosas ante los forasteros en este punto de la historia…¿hmm? Eso es, una historia de amor con llantos, gritos, malas fantasías del Caribe profundo, no te dejes engañar por ellas porque CORRRRRRREN rápido rapidito!
                Rally Shoes dejaba mucho que desear con sus dientes. Mordía y mordía la superficie de plástico, pero el líquido subterráneo no brotaba. Las velas cantaban viejas melodías, y él muerde que te muerde, ñam ñam ñam.
                Sin dejarse contestar por los atestiguados Colombias, sus dientes brincaron un hueco en el azar, y sí, un pequeño embrollo brotó del lodo. Por fin, del fango asqueroso de cera y arena salió el agua. O al menos, lo que parecía ser agua enterrada. ERA GASOLINE.
                “Ahhhhh” gritó. “Soy ardiente, qué me hacéis, mierdas!”
                Somos tus guardianes, Ral, no te dejaríamos morir. Ahora serás uno de los nuestros, y una velita más se hundirá en tu pecho.
Con estas palabras, emergió una vela de la cabeza del señor, y ahora él era una vela también. Hala. Fin del capítulo.
















Capítulo 4

Greintal, ¡qué chica! ¡Qué sueño! Era el amor más deseado de Ral y sus amigos, pero sólo Rally podía convencerla del duro peso de sus días. ¿Rocío en el desierto? ¡Y qué más! Eso es el amor, el misterioso visitante que te regala un pasito tras un pasito hacia el destino más inolvidable…

Los patos ya no eran TAN hermosos, pero ni su cara, ni sus lágrimas contagiadas por las de la vieja hurtada, siguiendo el camino por detrás hasta su casa en llamas. Qué desastre, Greintal estaba sola y deseando un poco de descanso en los brazos del Lago Pat. Patos por aquí, después, patos en tu tripa. Greintal, no me dejes llorar sobre el velo curtido como ayer, ¿eh? A ver, a ver, ¿a dónde vas? ¿A dónde piensas ir, Greintal? Estás loquísima, porque esto no es una carrera. Esto es el baile suavecito, y debes disfrutarlo. Disfrutarlo, Greintal. Súbete al tiesto, crece como una sala: de semilla a habitación crecidita y sana. Quema, quema por lo alto. Déjate crecer el sueldo, lávate los postres. Para andar, superficie; para la lengua entran muchos factores en juego. Mil sabores, dos relevos. La carrera vuelve, y tu ganadora es el premio. Dáselo, date a ti misma. Siémbralo, siémbrate el prisma, refleja la misma, contornos invisibles, sacudidas, patalea, cristalina.
Sube por lo alto, mantente firme. Dura, cálida en espira, miénteme después.
Juégatela.
Rally Shoes, do your best.

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