lunes, 25 de marzo de 2013

Gusto por la sopa

He escondido memorias, cada vez estoy más seguro de ello. Creo recordar cosas de las que estoy dubitativo. Y si no pasaron, pasó algo en su lugar. Estoy asustado. Pasear de noche por el campo, escuchando a los insectos... Perder la respiración por segundos y casi caer, como en espuma, por un acantilado empujado por mis buenos padres. Hasta ahora no había tenido nunca dudas, espaldas del amor, comida casera abrumadora por su sabor selecto. Dentro de mi cabeza hay algo que suele celebrar con champán sus más intensos camellos. Abren la puerta, y sale todo lo que no recuerdo: el baño, la espera a volver a casa, pan untado que no conseguiré digerir nunca. Nunca me voy a sacar de encima esta falsa sensación de control sobre el cuerpo, sobre los brazos, como si yo mismo fuera un payaso de cartel amarillento, aún pegado tras tantos años, en la misma calle y señalado un espectáculo de alegría que hace años falleció, y el payaso existe solamente en una silla. Cansado, sentado, y comiendo menú del día. Blanquecino, sediento de costras frescas. Sediento por arrancarte los puntos y volver a empezar de cero esta enfermedad. Volvámosla a empezar, desde luego tiene mérito: te hace oler a caldo, a olvidar lo que cuenta, y a céntrate en las más insólitas sospechas, recuerdos sosos que brillan como sueños de tu malgasto a lo largo de los saludos, despedidas y canastas empapeladas del balcón del vecino cerdo.
Es posible que tenga falsos recuerdos de un suéter que no me valió la pena.
Quiero intentar hablar en serio. Tengo miedo de tener falsos recuerdos. Lo borrado, represión que se recrea. Calambre sutil, pero duradero, que te hará dormir más de la cuenta, mucho más de lo que tenías planeado en tu libreta de planes para el día de hoy.
Aspiro con fuerza. Ahora podría salir al vació, escupirte a la cara. Y pedirte que me escupas también a mí. Escúpeme en los ojos y haré ver que son lágrimas. Hace tanto que no lloro, que te acariciaría toda entera con un tenedor esperando que te conviertas en un hombre. Espero que algún día tenga la oportunidad de que me folle una chica con pene. Espero, sinceramente, que ese día llegue.
Quiero darte una patada con fuerza. No entiendo nada de sadismo, pero sí entiendo tus leyendas. Se dice que un día cogiste la pierna de un indefenso y la rebozaste de calderilla. No quiero ir al súper contigo, me harías pagarlo todo con enormes billetes de mentida. Recuerdos de comida fresca en el congelador, pero
tal vez no pasó nada.
Es posible que nunca pasara nada. Si quieres comprobarlo, háblame, guarra. Quiero darte una patada de verdad. Varias. No una jugarreta, sin risas, ni buenos ambientes. Patadas. Partirte por dentro y luego déjame entrar en tu cuarto, te leeré todas las listas con dietas que usas a la desesperada para deshacerte de capas de piel que, igualmente, ya de por si no pesan nada. Sudor, estoy maldecido. No me iré a dormir nunca. No te partiré el brazo nunca, pero si lo hiciera, lloraría. Por fin. Lloraría. He sustituido todos mis tics,
como hacerme petar los huesos del cuello,
los he proyectado en tu cuerpo.
Voy a hacer petar
todas tus secciones que diligentemente me esperan. No entiendo nada de sadismo, pero sin duda, te partiría el brazo con el suspiro de alguien que aplasta burbujas de film alveolar. A partir de ahora mi cuello puede irse curando de los años y años de maltrato por mi parte, y a cambio, impartiré maltrato a seres fuera de mi, a cambio, de lágrimas redentoras y semen.
Eres esférica. No te conozco, pero en mis sueños adoptas un carácter de geometría pura. Te miro flotar por un plano abstracto, y despierto gritando, gritando, despertándoos a todos para siempre.
Corroe el sobre y deja ver las conversaciones por dentro. Estoy seguro
(me siento seguro, y protegido)
que por culpa de estos putos vendedores de azulejos ya no quiero decorar las caídas para que sepan más a calma. Quiero que me invadan mil tristezas por culpa de
lo que no pasó nunca
y que nunca recuerdo. Tengo una arcada en la memoria, metiéndose los dedos por cada hueco
pero nunca pota nada, ni el falso
recuerdos
ni sondas marinas
buscando mis pies
tan abajo
no los veo.

Algo pasó que me instó a soñar las verduras de cuerpo esbelto.
Vencidos, caen por buenos.
Vaya cuerpo
esta esfera
quiero joderte el alma, pero si resulta ser cierto lo que oigo en mi terraza
están pasando muchas más cosas de las que mi antiguo yo creo
creo en ellas
su insuficiencia
desde ahí salen para atarme al suelo, porque
tengo miedo
tengo falsos recuerdos
lo digo de verdad
creo que algo pasó que no logro recuperar
y que colorea mi existencia como un microorganismo semi-transparente
de ojos rojos, visto a graduación completa
sin duda
siento
Me han alterado la causalidad
desde el centro
de la cena.
Lo siento.
Lo siento.
Puta, patea.

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