Dos trenes circulan por el mismo carril
a la misma hora, la misma vía.
A la vista son uno sólo, reluciente por fuera. Ventanas de acero.
¿Cómo piensas entrar en el segundo?
¿Cómo piensas verte en esas ventanas?
Pienso en ello mientras me deslizo por su camino ya pasado,
saboreando sus babas de caracol mecánico. Un rastro (o dos)
de caminos honrados
Uno verdaderamente
honrado.
¿El segundo tren es
una muñeca en espiral? ¿A dónde te conduce
esa mirada?
Mirarla, mirarla no me sirve de nada
Ventanas de acero no me dejan coartada
Yo le clavé ese puñal hasta lo más hondo de su cáscara, y
noté una única viscera quemada tras mis párpados.
Me pide que me baje en todas las estaciones.
Pero para poder cumplir esa promesa
necesito todos mis cuerpos para bajar eternamente
Bajar en una me impide ver cómo avanzamos por dos raíles de acero
léntamente convirgiendo
en un afilado punto reluciente.
El final del trayecto se afiló tanto que te apuñaló
Sin romper tu cáscara
veo resbalar dos lentos manantiales de carne
No hay comentarios:
Publicar un comentario