jueves, 1 de agosto de 2013

Anna Krusdienskiva

Skolderberg cayó del techo e impactó delicadamente contra el suelo, amortiguando el golpe con sus grandes botas y la flexión adecuada de sus musculosas piernas. Los rizos dorados cubrieron un instante su cara, la cual tenía facciones duras y ojos maliciosos. Un suave movimiento de cuello le deshizo de sus rizos, que tomaron su posición habitual. Cuando alzó la mirada se dio cuenta de que no estaba solo, John Pirmanaf hablaba en murmullos en un rincón de la  habitación. Al estar la habitación vacía, los murmullos de John eran algo más audibles de lo habitual, pero como siempre, Skolderberg no conseguía descifrar absolutamente nada de lo que decía.
-"Hoy ha hecho un día horrible"- dijo Skol para romper el hielo.
John no parecía haber oído al señor Skol y continuaba con su hablar bajo  y sus ojos estaban fijos en algún punto del techo de la habitación.
-"¡Ey, John!"- continuaba Skol, haciéndo señas con las manos, para reclamar su atención.-" Mecachis en la mar, John, tienes un piano de cola precioso, haz el favor de escucharme."
En ese momento John pareció reaccionar, y bajó lentamente la mirada hasta llegar a la altura de los ojos de Skol que esbozó una falsa sonrisa. La mirada de John no era precisamente la de un hombre prestando atención, sus ojos se movían levemente y adquirían una expresión que no era la de estar escuchando a un colega, si no la de observar un objeto curioso. Skol perdió la poca paciencía que le quedaba y le arreó un bofetón que hizo que John cayera al suelo.
"¡Pero hombre! Esas no son maneras de saludar a un viejo amigo" masculló por fin Pirmanaf, soltando acto seguido una sonora carcajada que hizo enrojecer a Skol.
"Llevo media hora intentando que me hagas caso y nada, tú hablando solo en un rincón como un loco".
"Bah, no será para tanto..."-dijo levántandose perezosamente- "Hoy he tenido un día duro, las nubes, el polvo, las mujeres gritando sin cesar, los armarios que no dejan de quejarse, billetes caídos del cielo y un niño, que me ha vuelto a saludar sin previo aviso...- John hablaba muy rápido, moviendo las manos con gran excitación.
-"Uf, dímelo a mí no he hecho más que dormir todo el día. Bueno, también he jugado una partida de parchís con mi corbata."
-"¿Y quien ha ganado?"- se interesó Pirm.
-"Iba yo ganando cuando The Corbatt le pegó un puntapie al tablero que lo mandó a Pekín."- hizó el gesto de chutar tan vehemente que casi se cayó hacia atrás.
-"¿Y eso?".
-"Le acababa de comer una ficha..."
-"¡Qué mal perder!
-"Eso digo yo, pero ya se sabe, en el amor y en el juego todo vale"
-"Sí, desde luego... y en la guerra, en la guerra también vale todo"
-"Ya"- Y aunque a Skol no le parecía que en la guerra valiera todo tampoco le apetecía discutir - "¿Y qué vas a hacer mañana?"
Esa pregunta horrorizó a John, sus ojos se salieron de sus orbitas y abrió la boca ampliamente dejando al descubierto su ennegrecida dentadura de fumador empedernido. Le faltaban algunos dientes y era notorio que a algunos de ellos les quedaba poco tiempo de servicio. Cada uno, eso sí, iba perfectamente uniformado con chaquetas militares y  zapatos de claqué. Eran esos momentos, cuando su amo sufría un ataque de pánico, en los que, todos, sin excepción, se ponían a temblar como nenazas en el paredón.
"¡Sooou, atura es carro, mariconarro!"- arguyó Skol con voz ronca, imitando a su tío Tomeu, que era mallorquín de nacimiento y de carácter.
"Blip, Blip, Tonera tonera si yo tuviera pesos, te compraría el ajuar, y una casa con un altar..." -John cantaba con voz estridente, como si estuviera ebrio, seguramente tuviera eso que ver con que no quería pensar en sus tareas del día siguiente, y, simulaba sin darse cuenta, una borrachera de tres pares de burras palomeras. "Tu madre tiene un polvazoooo, siento calor, siento pena y siento amor.-poniéndo voz de cantante pop de masas iba desvistiéndose con poca soltura, inténtandose quitar la camisa y los pantalones estirándolos con sus manos torpes en direcciones poco acertadas o totalmente equivocadas- "Quiero seeer un animal, en la selva tropical, con tu madre todo seráaa, uuuun festivaaaal".-
Esta vez la hostia cayó en los desnudos testículos del señor Pirmanaf. Tenía bajados los pantalones a la altura de las rodillas y la camisa medio desenbotonada. No profirió ni un grito, dejó de cantar, y quedóse erguido unos segundos más para después caer a plomo hacia delante. Lo primero que impactó con el suelo fue su nariz que hizo un chasquido extraño. Lo segundo fueron sus rodillas que soportaron el golpe con cierta entereza. El resultado fue el patético estado de John, que en posición fetal, pedía auxilio con la voz quebrada y lágrimas en los ojos.
"Vamos levanta, pordiosero"- la voz de Skolderberg resonaba en la habitación, no se percibía en su entonación ni un solo deje de arrepentimiento por la ostia que le acababa de endosar al pobre John.
"Vamos, levanta que tengo que confesarte algo"- ahora su voz sonaba algo afectada. En vez de ayudarle a levantarse, le propinó otro zapatazo o más bien "botazo" en las costillas ( a partir de entonces tan solo le servirían para contar estrellas). Pero esa patada, lejos de derrumbarle completamente, pareció ayudar a John a recuperarse. Se vistió, se levantó y salió por la puerta, que daba a un amplio cuarto de baño. Una vez dentro, abrió el grifo del lavabo, puso el pelo en remojo y se lo enjabonó. Estuvo mirándose al espejo un rato y luego se aclaró el pelo. Se remojó la barba y sacó una cuchilla. Dejó la cuchilla en el agua y sacó un bote de espuma para el afeitado de su bolsillo izquierdo. Se esparció con cuidado la espuma por toda la cara, no dejó ni un hueco libre, los orificios nasales rebosaban de espuma y hasta la frente estaba embadurnada por completo. Únicamente su ojos grises quedaron libres de espuma. Cogió la cuchilla, pero antes de comenzar a afeitarse, le pegó un cabezazo al espejo que se partió sin que sus piezas se separaran demasiado. Entonces sí empezó el afeitado, no sin antes oírse la risa desproporcionada de Skol que le estaba observando.
-"A ver, te digo que tengo que confesarte algo"- volvió a anunciar Skol, riéndose levemente y aún con lágrimas en los ojos.
-"Y qué es, si se puede saber"- preguntó John, algo molesto, porque ya le había oído la primera vez.
-"¡Creo que me he enamorado!"- exclamó con aire soñador.
John le dirigió una mirada de incredulidad con sus ojos rodeados aún de espuma blanca.
-"¿De quién?- hablaba ahora con frases cortas, pese a haberse recuperado sorprendentemente bien de la retahíla de hostias bien dirigidas del señor Skol, no estaba ni mucho menos reconciliado con él, le atribuía una mala uva anormal en el ser humano que, en ocasiones, le hacía dudar de si debiera continuar siendo amigo suyo.
-"Oh, es una mujer preciosa, radiante, muy activa, la conocí en casa de los Bugambilievski, los de la floristería."
-"Ah, ya, y ¿cómo se llama?- preguntó, intentando aparentar indiferencia.
-"Anna se llama, ¿no es un bonito nombre?"
Pirmanaf palideció bruscamente al oír ese nombre que para él significaba tanto, pero no se notó, porque, debido a la conversación, se afeitaba muy lento, y aún tenía la mayor parte de la cara recubierta de espuma.
-"¿Anna que más?- consiguió decir.
-"Anna Krusdienskiva, aunque a veces se presenta simplemente como Anna Kru, de hecho cuando..."
SK no pudo acabar la frase. Su amigo John estaba otra vez haciendo cosas raras: sacaba espuma por la boca, que teniendo ya espuma en la cara era doblemente loco, emitía rugidos como de tigre y el resto del cuerpo bailaba salsa con especial virtuosismo. Skol que ya estaba dispuesto a pegarle otra "yoya" decidió no hacerlo al ver que su amigo recobraba un poco la compostura y le gritaba:
-"¡Apártate de ella, mala bestia, esa mujer está por encima de la gente como tú, no la mereces, ni la merecerás nunca!"- dijo eso rojo de furia, pero tampoco se apreció por la espuma. Lo que sí se apreciaron fueron sus ojos, que se habían alargado asemejándose a los de un lobo, dando así un miedo atroz a Skol que no sabía donde meterse.
-"Vamos Pirma, si es solo una jamelga, hay más en el charco, vamos puta, no pasa nada"- La grandiosidad de los testiculos de SK quedó demostrada con esta respuesta, pero le funcionó, John se tranquilizó enormemente al escucharle, se tranquilizó de forma directamente proporcional al tamaño de los cojones de Sk.
-"En fin, tienes razón, dejemos ya este juego de mujeres y celos, qué tontería, además, el tema es aburrido de solemnidad"
-"Sí, dejemos también los juegos de palabras con cojones, y todo el rollo machista del humor que está un poco manido ya, ¿no crees?"
Evidentemente John no sabía a que se refería Skol, pero le hizo gracia que su amigo hablara de "cojones" y de "machismo" y se puso a reír alegremente como un niño pequeño al que un adulto hubiera obsequiado con una mueca estrafalaria.

II

-"¿Y bien, qué piensas de "Doble Uve"?"
-"Doble uve me parece un nombre horrible para un libro, Skol. Piensa en algo más sugerente..."
-"Pero doble uve hace referencia a la doble violación, ten en cuenta que en mi libro a dos mujeres se las pasan por la piedra sin consentimiento, y eso, de bien seguro ha de ser el leitmotiv del título."- repuso SK con voz saltarina e infantil.
-"¿Que te parece "Burras desangrándose"?"- sugirió John, con cara de asco.
-"Demasiado explícito, no, ha de ser más sutil, por ejemplo, "Pareja en la arena", ¿qué te parece este?- SK esbozó una sonrisa de ganador.
-"No, eso sí que no, así parece una novelita de amor... ¿"Penes turbios"?
-"Que bruto eres, eso ni me lo publicarán"
-"Pues es una gran novela, como la liemos ahora con el título es para matarnos"- apreció John, algo abatido.
-"Desde luego, es mi mejor novela"- sentenció SK.
-"Bueno "nuestra"..."
-"Sí claro, nuestra mejor novela"- concedió Skol aún pensando que él había escrito prácticamente la totalidad de la obra y que John solo le había ayudado un poquito en determinadas fases del libro.
-"Hay una cosa que no entiendo del libro Skol..."- Skol le miró con condescendencia sabiéndose más culto e inteligente y demostrándose, una vez más, que era él el único y verdadero autor del libro. Pero viendo que John no seguía hablando le miró de forma inquiridora, instándole a continuar la frase que había comenzado.
-"... que en el capítulo cuarto, en el séptimo párrafo, Tulipani muere de sobredosis... pero luego en el capítulo octavo vuelve a aparecer"- John acabó la frase con una cara que no podía expresar mejor lo que acaba de decir, vamos, que no entendía(y con razón) porque sucedía aquello en el libro. Hay que decir que su pelo, totalmente revuelto, favorecía y reforzaba su expresión de desconcierto.
-"John..."- empezó a decir Skol, precediendo una risita efímera. En realidad, no tenía ni la más remota idea
 de como justificar aquello, puesto que no se había apercibido de ese tremendo error hasta ahora, pero pensó "Eso no le quita fuerza a la obra, es más, encuentro que le da un toque misterioso al libro, sí, soy un genio".-"... Eso no tiene justificación Pirma, es como la vida, es así y ya está, no hay que preocuparse tanto del "porqué"- dijo esto con la mayor naturalidad y recalcando la palabra porqué. Hizo una pausa para disfrutar, unos segundos más, de la cara de asombro de su buen amigo, y prosiguió- "sino del "cómo"- y recalcó con aún mayor intensidad la palabra "cómo". Eso desarmó completamente a John Pirmanaf que con lágrimas de emoción aplaudía con entusiasmo a SK, el cual, con gran satisfacción, se limaba las uñas contra la chaqueta de tweed al tiempo que se las soplaba. Pero su triunfo no duró largo rato. John Pirmanaf tras enjuagarse las lágrimas y serenarse un poco pensó con mayor detenimiento las palabras de SK y encontró algunas lagunas en sus razonamientos-.
-"Entonces, si es como la vida, como dices, ¿Porqué después de morir, vuelve a aparecer en la novela, es decir, resucita de entre los muertos Tulipani, consumándose una proeza que jamás he visto yo, con estos ojitos, en mi vida?- preguntó acercando sus manos a los ojos y haciendo movimientos rápidos con sus dedos para resaltarlos y darles la importancia capital que tenían sus ojos, sin duda, en su vida y en sus argumentos.
-"¡Otra vez con los porqués! Serás muy desdichado si solo crees que existe aquello que puedes llegar a ver con esos ojitos tuyos.-sonrió SK al ver que le había rebatido el argumento con su propia medicina.- ¡A nadie le va a gustar menos la obra por ese pequeño error!- gimió con rabia al volver a pensar en la pregunta de Pirm, y delatándose así completamente, priorizando la opinión pública a la coherencia de la obra o, peor aún, al valor artístico de la obra. Sin embargo, John no trató de rebatirle otra vez, pese a que seguía teniendo argumentos de sobra, porque al fin y al cabo, le daba la razón a Skol, y pensaba que a todo el mundo le gustaría mucho el libro.

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