jueves, 4 de abril de 2013

Billie Holiday

La lluvia baja en trineo y yo estoy con ella. Le doy un beso y me aparto, me agarro a sus guantes de crema como si fueran barras de hierro.
"Ir en trineo contigo es mi especialidad.  ¿Quieres que te acompañe a mi casa? Acompañarte a mi casa también es mi especialidad. Será una noche agradable, ya verás. Pondré un disco de Billie Holiday y todo irá como la seda. Tengo una cama hecha de nata. Para cenar te daré unas gotas de semen y tres luces rojas. ¡Tres! ¿Qué me dices? ¿No está mal, eh? Quiero que te sientas a gusto, te ofreceré puros, puros habanos  azules. De estos no se ven muchos, hazme caso, soy un experto. Toma, esto es para ti."
La lluvia abre la cajita que le ofrezco con una sonrisa caída y húmeda. Un anillo de fuego reluciente aparece ante nosotros como una canción. Y empezamos a bailar sobre el trineo como dos locos. Nuestros pies se mueven con rapidez y precisión.
"Tienes una sonrisa caída y húmeda".
"¿Y qué esperabas?"

Una vez llegamos a mi casa nos tumbamos en el sofá. Ella está preciosa con su vestido de aire.  Pongo el disco de Holiday y saco los puros. Empezamos a fumar los puros como si fuéramos marqueses. El humo invade el salón de un color azul. La particularidad de estos puros, además de su color, es que no huelen a nada y te producen una embriaguez semejante a la marihuana.
Como empezamos a tener hambre, me pongo a preparar la cena. Saco tres gotitas de semen y las dispongo en un plato formando un triángulo. Luego cojo de una estantería tres enormes luces de color sangre. Las tiro en la sartén con un poco de aceite y las dejo reducir. Cuando veo que están en su punto, las saco rápidamente con una cuchara y dejo que se desparramen por el plato a modo de salsa.

"Aquí tienes. ¿ Ves como no miento?"
"Te creí desde un principio, bribón"
"Bah, no importa. Por lo menos podrías decirme qué tienes con París"
"Eres un romántico. París es una ciudad como cualquier otra, has visto demasiadas películas."
"..."
Ella come con dulzura su plato de semen y luces. No se le quita esa sonrisa estúpida ni con el tenedor en la boca. Sus caderas insinúan sexo por los cuatro costados. Me pregunto si con mi miembro en su boca seguirá teniendo esa sonrisa desangelada.
Mi amigo Soderberg aparece repentinamente en mi casa, con un rosa en la boca, a lo Caleb Languini. Nos dirige una reverencia y sus rubios cabellos se hunden en el suelo como si este se hubiera convertido en agua. Mi amigo permanece en esa posición, no se mueve ni un ápice. La eterna reverencia produce en nosotros una sensación tranquilizadora y a la vez inquietante.
Toco la parte acuosa de mi suelo, donde se sumergen los hermosos cabellos del señor Soderberg, y noto que tiene una consistencia más bien lechosa. Me giro y descubro que la hermosa lluvia que hasta entonces se encontraba recostada en mi sofá, comiendo con ganas, ha desaparecido. En cambio, oigo que a fuera empieza a llover con fuerza y gritos. Se oyen unos escalofriantes gritos que poco tienen que ver con la voz humana. Soderberg sigue inmóvil. Me doy cuenta de que hace rato que yo tampoco me puedo mover.
"Soddie amigo mío, ¿qué está pasando?"
El no me responde. Sin embargo, aguzando el oído, consigo oír un murmullo incomprensible que sale, sin duda, de su boca.
"Soddie, ¿por qué no me puedo mover?"
El murmullo cada vez se oye más alto y claro.
"No ligues con accidentes meteorológicos"
"Soddie, ¿te ha vuelto majara o qué?"
"Te digo que no ligues con accidentes..."
"No es un acc.."
En ese intante recobro la total movilidad de mi cuerpo y se encienden todas las luces de la casa. Vuelve a sonar Billie Holiday. Mi amigo Soderberg actúa con normalidad y me ofrece la rosa que aguantaba con los dientes. Yo la cojo y la parto en múltiples pedazos. Nos ponemos a bailar muy contentos. Bailando voy a mi cuarto. La lluvia está en mi cama de nata. Suena "Blue Moon" y hacemos el amor con muchas ganas. No es tan bonito como suena, en realidad estamos practicando sexo del duro. Soderberg sigue en el salón bailando como un borracho. Y sí, con mi polla en la boca de la lluvia, sigue manteniendo esa sonrisa de alma en pena. Eso me incomoda y ahogo la lluvia con con las manos y la meto en un bote de cristal.
Caen muertos del techo, cuerpos en descomposición se despeñan contra el suelo que ya es en su totalidad lechoso. Mis piernas se hunden en el suelo que ha ganado en viscosidad. Parece una nata viscosa y sedosa. En el aire flota un forma humana, es Billie Holiday cantando con una desesperación desconocida. Ese canto le da a mi inminente muerte por afixia una extraña belleza.
Completamente sumergido oigo como Billie canta "These foolish things". La oigo ya muy poco. Mis pulmones se invaden de leche, o de nata, o de lo que sea eso. Ya no aguanto más. Pero en ese preciso instante en el que todo parece perdido, se oye un cristal romperse. Es el bote de cristal donde había dejado la lluvia encerrada. No sé porque lo sé, pero lo sé, que es lo importante. Después de eso ya no estoy en mi casa, de hecho me parece que estoy lejos, muy lejos. El escenario que se abre ante mí es, de veras, increíble. Estoy en lo que parece ser un valle. No hay casi árboles. Todo lo que consigo ver es hierba muy verde y un cielo azul e inmenso.



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