jueves, 11 de abril de 2013

Lluvia de sangre

Hoy no puedo. Plas, plas, plas. Tocar el piano, o el saxofon, o cantar muy alto, por entre las rendijas de mi celda. Decídete ya a darme un estirón. De orejas o de lo que sea. Oh dios, haz de mí un hombre mejor. Hoy, un santo. Creo que B. me hace escribir mejor.

Hoy no puedo. Plas, plas, plas. Tocarte, juzgarte, amarte, por entre las rendijas de mi camisa. Con una mano aguanta la copa, con la otra un cigarro. Oh Dios, haz de ella una mujer entrañable. Mañana, una santa. Creo que tienes algo que decirme, ¡Pero dímelo ya!

El diluvio. Cada gota es una nota. Cada melodía, un resbalón. Puedo encorvarme hasta que toque mi boca con tus pies. Oh Dios, ¡puedo lavarle los pies con la lengua! Dime si eso es bueno, ¡Pero dímelo ya! Soy un hombre de esos: impaciente, violento y algo vicioso.

La sangre es una lluvia de sentimientos. Aquí empieza y acaba el único que tengo. Y cada gota de sangre hace de mí un hombre detestable. Un grito libera una nada cierta. Es el amor que siento hacia ti. En realidad no debería hablarte así, es una falta de respeto, una falta de educación.

 Hoy no puedo. Plas, plas, plas.


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