"Tienes los dientes recubiertos por una manta."
Pues era verdad. No tenía frío, tenía sólo...un poco de hambre, sin utensilios para alargar la espera antes de conseguir otra fruta. ¡Ya me dirás! El bol estaba vacío, y sin embargo la mesa crujía por el peso del resto de la estancia. Era una habitación demasiado densa para alojar a una mesa entera. Silbó como agua al punto del hierve y cayó por el suelo, dejando así de ser hombros para el bol pero solucionando nada. No solucionando nada.
El bol pesaba lo suyo también. Pero me encargué yo mismo de hacer la vista gorda. ¡Hala!
Llegué al cuarto comido por una sensación de intensa falta, cansado, manejando el tiempo como quien guerrea en menos de lo que se espera. Imagino que sentiste el magnífico rosado que subí al Estantería. Te enterraría junto a estas muestras de jabón si me dejaras.
No me dejarás nunca.




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