sábado, 13 de abril de 2013
Ganúta
Maravillosos años de furor. Te escribo desde el baño
observando a un viejo gelatinoso y semi-opaco.
"¡Llámame Benson!", me dice. Cuando habla le vibra todo el cuerpo
como una cama doble de hotel, pero más pesado:
¡es muy pesado! Y mientras me habla, me succiona
los sueños
y las mantas. ¡Ahora tengo frío, brrrrr!
¿Cómo estás? Me tumbo en la mesa y espero que nadie se levante a estas horas.
Yo sólo quiero contemplarme desnudo sobre la mesa de mármol,
muy frío en mis nucas
y fricción pedregosa en mi piel. Calco poses con la mente y las imito con mi físico,
y luego vuelvo a mirar al mar y deseo el jacuzzi, pero está detrás de mí.
¡Y lo está usando Benson! ¡Vaya malpensado!
Tiene todas las de perder, pero no sé cuántas veces ya lo he dicho.
Siempre canta lo mismo:
"¡Saladas las patadas, duelen más si te patean
como si nada
el zapato abre heridas como uñas
bañadas en pulpa y de gala
pero me resisto a mirarlas, mientras la sal
contornea los dedos de mi amo!"
¡Canta fatal!
Pero bueno...te escribo esta carta muy calmado. Hace buen día y se ve
tierra en llamas
cada paso me sobra.
En mi casa son todo áticos,
uno encima del otro.
Los vecinos se quejan:
¡ellos querían un piso más suave!
Pero nos ha tocado vivirla bien,
nos ha tocado a todos un ático.
Cada pasito me dobla el cuello
y caigo desde manchas astrales
veo la tierra
chapurreo gástrico
mientras floto, espacio
calambres en la nuca
muy buenos.
Basta.
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