Santiago es Sol la Puta
dos años después cantó viñuelas en la playa de Garneda, pero el público cesó de existir a la vez que el aplauso, crecidito y rojo en las mejillas, sonó una vez y dos. Desapareció entonces.
Cada vez condenaba a alguien distinto y sin querer salivaba horror y dos mil bocas. Casi es oportuno dejar de vez en cuando la playa y dirigirse hacia la Ponta, pero sin cartillas no hay puntos, ni puntos ni manivelas para arrastrar al lodo. ¡Y que renazca la arena, claro! ¡Olé!

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