lunes, 30 de septiembre de 2013

En el campo

Un hombre gordo permanece en su puesto de vigilancia. Mira con ojos oscuros a una niña negra que se encuentra a pocos pasos. La niña viste traje de monja y está seria como un búho. El hombre gordo saca un cuchillo corto y con él dibuja en el aire un círculo. La niña permanece quieta y  sigue seria como un búho. La tarde de Septiembre llega a su fin. Resuenan en los oídos del hombre gordo todas la voces del pueblo. El odio del pueblo se comprime en las sienes del hombre. La niña rompe a reír y su risa anochece definitivamente el día. Los ojos del hombre se enrojecen, una vena de su ojo izquierdo se revienta y le mancha la ceja. La risa de la niña termina lentamente y una nube desaparece. Una brisa de viento campestre acaricia la nuca del hombre gordo y su ropa se esfuma en el aire. El hombre gordo está ahora desnudo y la niña lo mira con gracia. La niña se fija en los rizados pelos de los testículos del hombre y alarga una mano palpando el testículo derecho. La niña frunce el ceño y aplasta el testículo en su pequeña mano. El hombre cae inerte sobre la niña. La niña no consigue esquivar al hombre y cae al suelo. La barriga del hombre aplasta su cara. La niña a duras penas puede respirar. La niña consigue sacar la lengua y lame con ferocidad la barriga del hombre. El hombre adelgaza en pocos segundos. La niña se quita al hombre de encima y respira una frase de grasa. Una nube aparece y rompe en una lluvia fina que colorea la tierra. La niña se levanta, coloca un pie sobre la espalda del hombre y alza un brazo en señal de victoria.

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