Sin entrar en detalles, yo una temporada viví en un tercero.
Seguí agujereándome el pelo, pelo a pelo, y acostumbré a los vecinos a verme reluciente. Entero.
Dejé los trocitos de pelo en cajas de cobre al borde de la acera. Venían policías de noche a recogerlas, correr a casa y comerlo bueno. Se sacaban el sombrero y también ellos relucían cubiertos de pelo.
Mentiría si dijese que fue agradable. Mentiría si dijese que fue horrible. Haga lo que haga me atarás las manos a la nevera y me azotarás con la bufanda. Yo hago ver que me duele, pero es una bufanda suave. Haga lo que haga es una corrida de palabras saliendo sudorosa de mi polla imaginaria. Es entero el negocio, pero no es buena la estancia.
Es la piedra que separa el manantial de la colada
se seca la ropa, pero pierdes grasa si te han acuchillado. Me azotas con una boquita de churro crudo
se ha estropeado la máquina y ya no hay motivo para freír nada. Es la piedra que sustituye la caja de cobre por la errata. Sube mi padre, grita alarmado y se encalla.
Cada vez que te suenas salen litros a presión por tus agujeros principales. Los que corté yo en mi pelo
esos no son importantes. Salen nudos de tus ojos que te atan al tercero, ves mi cara y notas mis retos.
No te atrevas, es imaginario salir despierto de ésta. Cuando te suenas, tu boca se derrama en bufandas hechas de aceite endurecido. Pero antes Cluedo, piezas y sueños. ¡Sí!
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