Es el colmo
un colchón delgado, de pasarela
para tumbarse y resistir con los ojos en vena
la llegada de mil autobuses de costra oxidada
envasados al vacío sobre su rostro anaranjado.
Dejan manchas boludas al pasar
te conservan
atrevido, durmiendo con las caras atadas al mármol
celo por toda la cara, la boca en canto, saliva soleada.
Las manos me sobran, las reviento
tengo suerte, soy el monje Tarzanete
te propongo
lo que puedo.
Supuesto ángel predilecto
malabares de caca
cuesta arriba, frota el duelo.
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