Mi mirada es siempre una mirada triste, seguida de un sol reluciente. Vengo a decir que hay un barco de vela esperándome en el puerto, con una antorcha muy larga. Con una antorcha en las nubes. La antorcha tiñe el cielo y los árboles de rojo. Y todo eso me está esperando ahí fuera, donde yo no puedo verlo. Solo pude verlo de reojo, mientras me marchaba. Hay una cueva de signos rozando el camino y anochezco en sus brazos abriendo el pecho, derramando esperanza, manchando su cara, roja como el fuego. Sabes qué cuento es ese, un espasmo y un beso, en las montañas giran adioses, hoy el vecino me ha dado una buena noticia, que en realidad era muy mala. Has vuelto. Entretanto, veo al señor Don jugando a dardos, en el porche, sentado, tiene una caja llena de dardos, ya no caben dardos en la dardera, es un vago jugón. Me estremezco entre piernas, berridos y soplidos, con los labios muy prietos y los ojos fijos en el mármol, voy reptando por la telaraña de un niño sin vergüenzas. El sonrojo se hace rugoso, la lágrima salta y baila, menuda forma de hacer amigos, abriendo avisos, con tus continuos guiños, con tus sonidos limpios, con tus bonitos lirios, estoy embobado, varado en tu espuma de mañana, con su música y con sus rayos de sol gritando alegrías. Me quedaría aquí mucho tiempo, no lo dudo. Al barrer nacen agujeros en tus pechos, al barrer el polvo se vuelve bueno, qué risa cuando veo esos montoncitos desperdigados por toda la casa, crean un cuadro y trincheras, recibos y barreras, escopetas en el agua, nacidas para morir en tu barriga una bala, son pólvora y son herido, vaya día llevo, sin verte, aquí.
Cuando hay nuevas formas de besos, cuando hay nuevos juegos en los rostros, cuando hay brechas en el suelo, voy a ello, a dejarlo y moverlo, siempre suelo derrumbar guías y perderme siempre, soy un torpe, bueno no siempre. Te regalo el regaliz, qué te parece, está bueno buenísimo, dime que sí, ahora. Autoritario como un cuartel, eso es, ahí es a donde voy, a obligarte a beber este agua de Bucarest, de Norte y Everest, te Suiza e Israel. No te metas en lugares de los que no puedas salir, consejo de rabejo. Uy, ¿Lo habéis visto? De repente reinó el libre albedrío, Albedrío I, menudo lío. Quiero decir que la rima es una tentación dulce como el carbón dulce, no hay resistencia por mi parte, tengo un almohadón para ella en mi alcoba de pirata. Un camerino de traje y corbata, un lunar vestido de novia, con un puro en la boca, eso sí que es una boda, ya te digo, mendrugo, que eres un mendrugo, dónde he dejado mi percha, no me acuerdo.
¡Qué bien!¡Qué ven mis ojos! Son eses y eses y más eses. ¡Pero por dios!¡Es cierto! Bosques y praderas, ríos y cuevas, noches y días retorcidos y fritos. ¡Es mi plato favorito!¿No te lo había dicho?¡Trae la game, boy! Esto es para celebrarlo con champagne de espuma blanca, euforia que se apaga, uf, un escalón partido, en este punto, bajo esta coma, me he encontrado un tío raro, me ha cogido por el brazo y me ha dicho, "tranquilo amigo tanta bulla te va a dejar tonto, tranquilo, que te he visto, este cuchillo es mi amigo, te vestiré de amigos, y se te acabará el cuento.¡No! ¡Calla! Y se calló.
Hay una revuelta de huevos en mi sartén. Me piden la vida, me piden la yema. Y yo les he dicho que aquí no hay yema que valga. Luego querían negociar, se han puesto tranquilos, y yo me he reído, eso es todo, me he reído y creo que ellos también se han reído, entonces nos hemos reído, y luego he dicho que adiós que yo no estoy para cuentos tontos, estamos solos o qué, remedios ninguno me falta valor para decirte que siempre serás clara como la yema, un chiste barato lo compra cualquiera, melena, te faltan tornillos en la mollera.
Un bicho rellenó sus patas de carne, el veneno era cierto, no mentía. Estudiando sus tácticas sus ritos, al final llegué a una conclusión, pero no me acuerdo de ninguna palabra de esa conclusión que estaba formada por unas cuantas palabras que colaboraban para llevar a cabo a la perfección la conclusión que he mencionado, pero de ni una palabra me acuerdo y siempre suele haber un verbo pero eso no es ninguna pista, no sé para que me dices que te haga caso, de vez en cuando, solo de vez en cuando aciertas y el viejo en la piscina llena una y otra vez su vaso de un licor de hierbas mallorquín que me da una envidia y un deseo, le abriría las nalgas hasta que toparan con sus testículos, un deseo raro, todo hay que decirlo, una mentira como un piano, eso está claro.
Un ambiente barriobajero no ayuda al estudio. Eso lo debemos curar con mantequilla, engordar a la población y hacerla sabuesa de sus gritos y maullidos, para que pueda subirse a los árboles de sus gritos, los más lindos del planeta. Planeta, te quedas plano como una planeta o como una ploneta, o como una planilla o una plonelleta. Estoy topado de fantasmas, de diablillos rusos, de serpientes y mofetas, algo muy maloliente, desde luego, no me veis, con los zapatos nuevos, caros y malditos. Deberíais mirarme.
Me falla el retrovisor, tío. Me falla esto, me falla lo otro, me fallas tú, me falla ella me falla él. Qué repinto de pintura, qué chuchería más chuche, que achuchón más inapropiado. Yo te quería, pero me has dejado. Labrado. Retado. Entre aguijón y escuadra. Un arma esquinada (la escuadra), un gol de corner directo, un gol olímpico. Pero es eso tío, me falla el retrovisor. Porqué no intentas entenderme. Lo que trato de decirte es importante y tu estás sin prestar mucha atención, ya me he dado cuenta. Era broma, no te quedes conmigo. Claro que no. Cada vez una curva más cerrada. Menos espacio en el discurso. Cada vez la frenada se apura un poco más. Llegará un momento que ni 360 grados, ni uno ni medio. 0. O cero. Dejar un cero, perdido entre puntos, es un desvío, la meta, la veo, perdí por muy poco, la moto, me quedaré aquí, tumbado en este árbol, la resina me fastidia la nuca. Solo he apoyado la nuca. Nada más que la nuca. Nada más y nada menos. Gol. Gol, gol, gol,gol. Gol. Gol, sí, gol.
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