Hola amigo
Solo me acuerdo de tu capa. Era de un azul intenso, sí, la recuerdo bien. Eso es todo lo que recuerdo. Quiero que sepas que me acuerdo de esto. Soy un buen hombre, amigo de mis amigos, y tu capa me recuerda a una amiga que tuve, muy guapa , morena, y con unos ojos... no hace falta que te diga que estaba enamorado de ella. Ella no tenía ninguna capa ni ropa, que yo sepa, que se le pareciera a la tuya del azul intenso. Sin embargo, el acordarme de tu capa me acuerdo a su vez de la esencia de esa muchacha, la que te digo, de la que estaba enamorado, ¿hasta las trancas? ¿hasta el tuétano? Sí, hasta ahí también. Pero ahora, que ha pasado ya un tiempo, ¿¡cómo puedo estar seguro de que mi amor era verdadero!? ¡Si cuando estoy en la plaza y me encuentro repentinamente con mi vecina que me saluda como siempre hace se me cae el alma al suelo! Ya te habrás dado cuenta de que soy un sentimental, pero desconfía, soy duro de pelar si me enfado, no te relajes ni un momento, quiero que estés tenso leyendo esta carta, no me hagas enfadar leyéndola tumbado en el sofá. Te recomiendo que la leas en el pasillo, o en el recibidor, con la luz justa, te lo digo ahora cuando ya estás acabándola. Que tonterías se me ocurren, cómo voy a saber que no voy a escribir tres folios más después de esto, perdóname, creo que te he hecho perder el hilo.
No entiendo en qué consiste amar, quiero que me respondas diciendo qué debo hacer. Soy tozudo como una mula.
Te gustará saber qué desayuno: siempre zumo de tómate, sobretodo ahora, que el verano achucha, y yo soy un pordiosero divino, un acalorado sentimental putino. También suelo rallar pan sobre leche y con una pizca de miel y pimienta redondeo el plato fuerte. Soy un extravagante, creo que lo estás notando, ahí donde estás, en tu casa, te imagino en el pasillo, muy tenso, arrugando un poco este papel con la mano y sosteniéndolo muy cerca de los ojos, porque no quieres perderte nada de lo que te digo. Nada de nada. Una vez terminado el desayuno salgo a pasear un rato, suelo acabar a eso de las once en la plaza, ya sabes, sé que vives cerca. Y espero con paciencia a que pase mi vecina y me dé su sencillo saludo. No puedo entender como algo tan sencillo puede derivar en algo tan complejo, porque creo sinceramente que si nunca me hubiese saludado de esa manera, no me habría enamorado jamás de ella.
Lo siento, pero debo dejarte, no soy bueno despidiendo las cartas, y no quiero acabar esta de mala manera, después de haberte pedido tanta atención, me sentiría mal, amigo.
Me quedo con tu capa, y con tu manera de andar. Ay, me has pillado, soy un poco mentiroso a veces, no me juzgues, pero sí, es verdad, también me acuerdo de tu manera de andar, ¡cómo olvidarse!¡si parecías un perro gordito!
Hasta mañana Manuel, soy tuyo, a veces, ciertas noches, cuando cierro los ojos, me siento Hércules, me siento fuerte como un gladiador.
Ciertas noches
Julio
No hay comentarios:
Publicar un comentario