sábado, 4 de enero de 2014

Sanar, sanar

Si me llenas la guantera de guisantes
tendré más ganas de saludar al bate,
mi vecino de Home Runs
y campeón de tortilla hinchada. ¡Hola!

Diría, ¡hola! y le rebanaría a buen precio,
con un garfio en cada sobaco,
las manchas de aceite de la corbata a filas diminutas hasta que parezcan taladros.

Salud, y un naufragio sin semillas: eso pido yo, abrazado a un banano. Inclino la mejilla para que
resbalen gotitas de mercurio verde, deprisa al acantilado.
Caen y siguen cayendo y brillando, como bolsas de hielo estrujadas,
ese tipo de bolsas que una vez sonríes se te comen en manada.

Parafina en caldo, y mi hermano Home Runs a mi lado
oliendo mis fechorías y aconsejando:
"Un poco más de greñas intactas, lo noto
falto de sueño. Este caldo se merece golpe de trampolín rojo en la mano,
hasta que aprenda a soltar los codos a cada paso."

Sin dudar, vi como le salían hileras de muertos por la nariz
empapelados, tendidos sobre bandejas ovaladas de camarero.
Pero ni un camarero.
Con dos trinos quebrados le cayeron los codos
sin voluntad de herir, cayeron para mejorar el estadio
y que se disputara un Real Athletic
como Dios manda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario