miércoles, 8 de enero de 2014

Gordura y Pryca Kids

¡Gordura!
Sabrosura

No pude evitarlo, compinche. ¡Quise empesarlo así el poemita, y me salió bien beleno!

Pero como dicen los grifos del patio, "hoy hay tiempo para muecas, y a ver si se ríe el conejo". Mi padre me avisó, desde pequeñín, de que la Giffa era una Griffa.

Pero sin escuchar me rondeé la "pastada". ¡Bah! Era un adolesáns cantullero, capullín de los buenos. Sin rasparme los huevos bajé al patio e grité:

"¡Pantuflas! ¡Quiero dormir en pijama de boniato, para olerme el chópet y saber de qué trato!"

Al instante cayeron gotas de monstruo. ¡Oh, vaya gotas monstruosas! Gotas recubiertas de piel humana, que al caer sobre el césped mugían todo el agua fuera como globos, y dejaban las cáscaras esparcidas como paracaídas rosas. ¡No no no no no! ¡No puede ser! ¡Nooooo!

"Suplico," conduje, "que el baloncesto no es lo mío. De hecho te lo dejo todo puesto, con ropa y gafas, para que los lleves al vacío rosa, lejos de mis Pryca Kids."

"¿Al vacío rosa?" contestó grave una voz extra-terrenal. "Madre mía, cómo pretendes que los lleve a semejante lugareño! ¡Puaj! ¿Estás de guasa, tío? Te los llevo a donde me plazca. ¿Dónde me plazca?"

"Badjío Rudda," dije. "El Me fío del Mussa."

"¡Que no! ¡Ya te he dicho que no los llevo allí! ¿Te lo he dicho o no?"

"Mussa," repetí. Y con eso me reventaron los dientes en 88 explosiones de confeti remojado en vinagre.

Viva la alegría, y viva el santiamén. Ese es mi criterio, y soy muy sensato.

¡Adiós!

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