martes, 10 de julio de 2012

Sofá Chocando Asustado-Tremblin'



Contorneándose, el pequeño sofá siguió deslizándose por el suelo hasta chocar con la puerta.
–Hombre –rió Sansúlo–, ¿ya no puedes más?
El sofá, de un verde mohoso, gimió como un perro sin saber qué hacer.




–Apuesto a que estás cansadísimo, agotado. Te mereces un descanso, digo yo.
–Déjalo en paz, papá.
Sansúlo tenía un hijo bastante bocazas que nunca sabía callar en los momentos adecuados. Aún así, seguían viviendo juntos en una casita al margen del pueblo. Tiempo atrás Sansúlo había sido venerado como un maestro de la decoración de interiores. Manadas de interioristas lo iban a visitar cada semana, se entrevistaban con él, o simplemente observaban la casa desde arbustos, babeando. Las historias llegaron incluso a los pueblos vecinos, y pronto la casa estaba rodeada de carpinteros estupefactos.





–Qu-¿qué porquería es ésta? –estallaron todos– ¡Vaya mierdolo! ¡Estos muebles pertenecen al vertedero, no en una casa!
–Pero…¡es tan bello! –dijeron otros.
En esa ocasión, Sansúlo respondió tan bien como pudo. Pero no muy bien…
–Este pueblo es, como habréis notado, muy pobre. No tenemos buenos carpinteros, buenos herreros… Sin embargo, la combinación lo es todo. Yo combino como un babino, y esto es lo que sale –hizo un gesto con las manos para señalar su casa, pero creo que los carpinteros no lo entendieron y le miraron las manos. Sansúlo, muy disgustado, dejó su discurso a medias y entró en la casa.
–Mi padre es lo mejor que hay--




–¡Calla! –gruñó Sansúlo con los dientes muy apretados– ¡Calla! –ahora casi un silbido…

* * *

De esto ya hace mucho tiempo. Ahora viven los dos muchachos en la casa pero los muebles están huyendo. Ahora se acaba de ir el sofá, el livin está vacío.




–Papá –aventuró el hijo–, ¿no crees que tendríamos que comprar un poco de comida, de comida rica?


















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